Los conflictos son mucho más fáciles de resolver cuando somos capaces de “desemocionarnos”, no permitas que tus emociones te dirijan, sigue estos 4 pasos para lograr que tu cabeza diriga estratégicamente la mejor forma de solucionar un problema.
1. No te apaniques
Los conflictos son parte de la vida y nos presentan con oportunidades para crecer, mejorar algún aspecto y expresar nuestras opiniones. No tengas miedo cuando un conflicto surge, piensa que finalmente siempre hay soluciones y no siempre todos vamos a estar de acuerdo en el mismo punto
2. Trata de no enojarte
Es difícil pero trata de analizar bien lo que está pasando antes de enojarte. Si logras controlar tu enojo vas a tener ventajas ante los demás porque si tienes la cabeza fría puedes pensar mejor y entender el problema con claridad.
3. No se trata de ganar
El problema de los conflictos es que nos enojamos y nos aferramos a que nosotros tenemos que ganar. No se trata de ganar o perder sino de encontrar una solución para el problema.
4. Escucha lo que la otra persona quiere lograr
Si eres capaz de entender lo que la otra persona quiere obtener de ese conflicto podrás darte cuenta de que el problema es mucho más pequeño de lo que creías.
5. Ten disposición de negociar
Es mejor negociar en etapas iniciales que dejar que el problema crezca. Trata de llegar a acuerdos lo más pronto posible.
Una Afirmación útil:
Soy capaz de enfrentar situaciones de conflcito con calma
Una Historia Real:
Lydia, una de mis clientes de coaching de 38 tenía un problema con un inquilino que le renta un departamento. Lydia estaba muy frustrada porque estaba aferrado en comprobar que ella estaba en lo correcto y que su inquilino esta actuando mal. Desafortunadamente para mi cliente, su inquilino la podía llevar a la Corte y podía costarle mucho dinero si perdía. Después de una sesión de coaching con mi cliente ella cayó en la cuenta de que se estaba negado a negociar porque en su mente solo quería comprobar que ella nunca se equivocaba. La vida nos juega trucos en los que tenemos que aprender a ser flexibles y buscar soluciones que sean convenientes para nosotros. Si Lydia se hubiera aferrado a no negociar le hubiera costado muy caro. Después de reflexionar Lydia cayó en la cuenta de que negociar era mejor porque aunque le iba a costar dinero se iba a evitar los gastos del abogado, más el dinero que le podía costar si perdía en la corte, más todo el tiempo y desgaste que le iba a costar el no querer escuchar las demandas de su inquilino que en realidad era una cantidad mínima comparada con lo que le pudo haber costado si perdía.
No pierdas por querer ganar























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